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En redes sociales circulan con frecuencia imágenes que muestran supuestos “primeros signos” del herpes. Sin embargo, los especialistas recuerdan que ninguna fotografía por sí sola permite confirmar un diagnóstico, ya que diversas enfermedades de la piel pueden producir lesiones similares. La única forma de obtener un diagnóstico preciso es mediante la valoración de un profesional de la salud.
Reconocer los síntomas iniciales puede facilitar una atención médica oportuna y ayudar a reducir el riesgo de transmisión a otras personas.
¿Qué es el herpes?
El herpes es una infección viral producida principalmente por dos tipos de virus: el virus del herpes simple tipo 1 (HSV-1) y el virus del herpes simple tipo 2 (HSV-2).
Tradicionalmente, el HSV-1 se ha relacionado con lesiones alrededor de la boca y los labios, mientras que el HSV-2 se asocia con mayor frecuencia al herpes genital. Sin embargo, ambos virus pueden afectar cualquiera de estas zonas dependiendo del tipo de contacto que haya ocurrido.
Una vez que el virus entra al organismo permanece de forma latente en los nervios y puede reactivarse posteriormente en algunas personas.
Primeros síntomas
Antes de que aparezcan las lesiones visibles, muchas personas experimentan una sensación de hormigueo, ardor, picazón o dolor en el área donde posteriormente surgirán las ampollas.
En otros casos pueden presentarse sensibilidad al tacto, enrojecimiento de la piel, molestias al orinar cuando las lesiones se encuentran en la zona genital y dolor localizado.
Durante la primera infección algunas personas también desarrollan fiebre, dolor muscular, inflamación de los ganglios, malestar general y cansancio.
¿Cómo son las lesiones?
Las lesiones típicas comienzan como pequeñas ampollas agrupadas llenas de líquido transparente. Con el paso de los días estas ampollas pueden romperse y dar lugar a pequeñas úlceras dolorosas que posteriormente forman costras mientras cicatrizan.
Dependiendo de la persona, las lesiones pueden aparecer en labios, boca, lengua, encías, nariz, genitales, glúteos, muslos o zonas cercanas.
La duración del episodio suele variar, pero generalmente las lesiones desaparecen en un periodo aproximado de dos a cuatro semanas.
¿Cómo se transmite?
El virus puede transmitirse mediante contacto directo con la piel o las mucosas de una persona infectada, especialmente cuando existen lesiones activas. También puede contagiarse durante besos, relaciones sexuales vaginales, anales u orales, así como por contacto cercano con secreciones que contienen el virus.
Es importante señalar que una persona puede transmitir el herpes incluso cuando no presenta lesiones visibles, debido a un fenómeno conocido como eliminación viral asintomática.
Por esta razón, las medidas preventivas continúan siendo importantes incluso en ausencia de síntomas.
Factores que pueden reactivar el virus
Después de la infección inicial, el virus puede permanecer inactivo durante meses o incluso años. En algunas personas puede reactivarse debido al estrés intenso, fiebre, enfermedades, exposición prolongada al sol, alteraciones hormonales, disminución de las defensas o falta de descanso.
No todas las personas experimentan recurrencias con la misma frecuencia. Algunas nunca vuelven a presentar lesiones, mientras que otras pueden desarrollar brotes ocasionales.
Diagnóstico
Cuando existen lesiones sospechosas, el profesional de la salud puede realizar una evaluación clínica y, si es necesario, solicitar pruebas de laboratorio como análisis mediante PCR, cultivos virales o pruebas específicas para confirmar la presencia del virus.
Debido a que otras enfermedades pueden producir lesiones parecidas, es importante evitar el autodiagnóstico únicamente observando fotografías en internet.
Tratamiento
Aunque actualmente no existe una cura definitiva para eliminar el virus del organismo, existen medicamentos antivirales que ayudan a disminuir la duración de los síntomas, acelerar la cicatrización de las lesiones y reducir la frecuencia de los brotes en muchas personas.
El tratamiento resulta más efectivo cuando se inicia durante las primeras horas o días desde la aparición de los síntomas.
En pacientes con recurrencias frecuentes, el médico puede indicar tratamientos preventivos para disminuir el número de episodios y reducir la posibilidad de transmisión.
¿Cuándo acudir al médico?
Se recomienda buscar atención médica si aparecen ampollas dolorosas en labios o genitales, fiebre acompañada de lesiones, dolor intenso, dificultad para orinar, lesiones que no mejoran, recurrencias frecuentes o si la persona presenta un sistema inmunológico debilitado.
Las mujeres embarazadas con sospecha de herpes también deben consultar rápidamente con su médico, ya que el tratamiento oportuno es fundamental para reducir riesgos durante el embarazo y el parto.
Cómo reducir el riesgo de contagio
Los especialistas aconsejan evitar el contacto directo con lesiones activas, no compartir objetos personales que hayan estado en contacto con las lesiones, utilizar métodos de protección durante las relaciones sexuales y abstenerse de mantener contacto íntimo cuando existan ampollas visibles o síntomas iniciales.
Además, mantener una buena higiene y seguir las recomendaciones del profesional de la salud contribuye a disminuir el riesgo de transmisión.
Conclusión
El herpes es una infección viral frecuente que puede manifestarse mediante ampollas dolorosas, picazón, ardor y otras molestias, aunque muchas personas nunca desarrollan síntomas. Reconocer los primeros signos y acudir oportunamente a un profesional de la salud permite establecer un diagnóstico adecuado e iniciar el tratamiento correspondiente. Ante cualquier lesión sospechosa, evitar la automedicación y buscar atención médica sigue siendo la mejor recomendación.