LOS CINCO QUE ESTABAN ESPERANDO AL NUEVO: ADRIÁN DESCUBRE QUE ALGUIEN LO QUERÍA FUERA DEL PENAL

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Adrián acababa de entrar a una prisión de máxima seguridad cuando descubrió algo inquietante: cinco reclusos ya estaban esperándolo. Lo que ninguno imaginaba era que el nuevo no era una presa fácil. Pero después de la pelea, Adrián hizo una pregunta que dejó a todos en silencio: ¿quién había dado la orden?

Adrián llevaba pocas horas dentro del penal.

El uniforme gris todavía parecía extraño sobre su cuerpo y aún no conocía los pasillos, las reglas ni a las personas que lo rodeaban.

Sin embargo, desde el momento en que cruzó las puertas de la prisión, algo llamó su atención.

Los presos lo observaban.

Algunos lo miraban desde las celdas.

Otros susurraban entre ellos.

Adrián intentó ignorarlos, pero pronto escuchó una frase que hizo que se detuviera.

—Ese es él.

Adrián miró hacia los lados.

No entendía de quién hablaban.

Finalmente, se acercó al guardia que lo escoltaba.

—¿Por qué todos me están mirando?

El guardia continuó caminando sin responder.

Aquello hizo que Adrián se sintiera todavía más incómodo.

No sabía quiénes eran aquellas personas.

Pero aparentemente ellos sí sabían quién era él.

Una bienvenida demasiado extraña

Horas después, Adrián salió al patio.

Había decenas de presos conversando, caminando y haciendo ejercicio.

Él decidió mantenerse apartado.

Comenzó a entrenar en silencio, intentando concentrarse y olvidarse de las miradas.

Entonces escuchó pasos detrás de él.

Uno.

Dos.

Tres.

Adrián dejó de hacer ejercicio.

Miró por encima del hombro.

Cinco hombres caminaban directamente hacia él.

Todos eran corpulentos y tenían una expresión intimidante.

Adrián se incorporó lentamente.

Los cinco se separaron hasta rodearlo.

—¿Qué quieren? —preguntó Adrián.

Uno de ellos sonrió.

—Nos dijeron que te diéramos la bienvenida.

Adrián observó a cada uno.

No parecía sorprendido.

Más bien estaba intentando descubrir quién había enviado a aquellos hombres.

—¿Quién les dijo que vinieran?

El recluso no respondió.

En cambio, hizo una señal con la cabeza.

Los cinco comenzaron a avanzar.

Cinco contra uno

El primer hombre intentó golpearlo.

Adrián esquivó rápidamente el ataque.

El segundo aprovechó la distracción.

Pero Adrián consiguió bloquearlo y hacerlo retroceder.

El tercero intentó acercarse por detrás.

Adrián giró justo a tiempo.

Los presos que estaban alrededor comenzaron a prestar atención.

Lo que parecía una simple intimidación estaba convirtiéndose en algo completamente diferente.

Los cinco hombres atacaban al mismo tiempo.

Pero Adrián no parecía dispuesto a dejarse intimidar.

Se movía con rapidez y precisión, evitando los golpes y utilizando movimientos defensivos para mantenerlos alejados.

Uno cayó.

Después otro.

Los otros tres intentaron rodearlo.

Adrián consiguió esquivarlos y hacerlos retroceder.

El patio quedó prácticamente en silencio.

Los presos que observaban comenzaron a murmurar.

—¿Quién demonios es este tipo?

Finalmente, los cinco quedaron en el suelo, aturdidos y sin poder continuar.

Adrián permaneció de pie en medio del patio.

Respiraba profundamente.

Pero no parecía herido.

La pregunta que nadie quiso responder

Adrián miró a los cinco hombres.

—¿Eso era todo?

Uno de ellos intentó levantarse.

Miró a Adrián con una mezcla de miedo y sorpresa.

—Nos dijeron que eras peligroso…

Adrián frunció el ceño.

—¿Quién les dijo?

El hombre se quedó callado.

Adrián volvió a preguntar.

—¿Quién?

Los otros cuatro también permanecieron en silencio.

Aquello confirmó las sospechas de Adrián.

Aquella pelea no había sido casualidad.

Alguien dentro de la prisión sabía que iba a llegar.

Y alguien había decidido ponerlo a prueba desde el primer día.

Pero entonces ocurrió algo todavía más extraño.

Uno de los cinco reclusos miró discretamente hacia una de las torres de vigilancia.

Adrián siguió su mirada.

Había un hombre observándolos desde arriba.

Cuando sus ojos se encontraron, el desconocido dio media vuelta y desapareció.

Adrián comprendió que acababa de cometer un error.

No había preguntado quién quería atacarlo.

La pregunta correcta era otra.

¿Quién sabía que Adrián iba a llegar a esa prisión antes que todos los demás?

Y mientras los guardias comenzaban a acercarse al patio, uno de los cinco reclusos susurró algo que Adrián apenas pudo escuchar:

—Él todavía no sabe por qué está aquí…

Adrián se quedó inmóvil.

—¿Qué dijiste?

Pero el hombre ya había cerrado la boca.

Adrián levantó la mirada hacia la torre.

El desconocido había desaparecido.

Y acababa de comenzar el verdadero misterio.

CONTINUARÁ…