EL HOMBRE AL QUE LE ROBÓ: DANTE ENTRA A PRISIÓN Y DESCUBRE QUE SU PASADO LO ESTABA ESPERANDO

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Dante pensó que entrar a prisión significaba empezar de cero. Pero cuando las puertas del patio se abrieron, descubrió que uno de los hombres que más temía ya estaba allí. Y lo peor era que Ramiro no había olvidado lo que ocurrió.

Dante tenía treinta años y llevaba varios días intentando acostumbrarse a su nueva realidad.

El uniforme gris, las puertas metálicas, las cámaras de seguridad y las miradas de los demás presos habían reemplazado la vida que conocía.

Pero aquella mañana sería diferente.

Mucho antes de entrar en prisión, Dante había cometido un error que ahora comenzaba a alcanzarlo.

Había participado en el robo de una mercancía de alto valor. En aquel momento no sabía quién estaba detrás del cargamento ni las consecuencias que tendría aquella decisión.

Solo sabía que necesitaba dinero.

Y ahora estaba pagando el precio.

El primer encuentro

Las enormes puertas que separaban los pasillos del patio comenzaron a abrirse.

Dante salió acompañado por varios internos.

Intentaba mantener la mirada al frente, aparentando tranquilidad, aunque por dentro estaba completamente alerta.

Decenas de presos conversaban, caminaban o permanecían sentados.

Entonces ocurrió algo extraño.

Uno de ellos dejó de hablar.

Después, otro levantó la mirada.

Poco a poco, varios comenzaron a observar a Dante.

Al fondo del patio, un hombre corpulento estaba sentado solo.

Tenía la cabeza rapada, barba corta y varios tatuajes visibles en los brazos y el cuello.

Era Ramiro.

Uno de los presos más respetados del penal.

Ramiro levantó lentamente la cabeza.

Sus ojos se encontraron con los de Dante.

Durante unos segundos ninguno dijo una palabra.

Entonces Ramiro se puso de pie.

—¡Tú!

Dante se detuvo.

Frunció el ceño.

—¿Me conoces?

Ramiro comenzó a caminar hacia él.

Cada paso hacía que el ambiente del patio se volviera más tenso.

“Yo soy el dueño de la mercancía”

Ramiro se detuvo frente a Dante.

Lo observó de arriba abajo y soltó una pequeña sonrisa.

—¿Que si te conozco?

Dante permaneció en silencio.

Ramiro se inclinó ligeramente hacia él.

—Yo soy el dueño de la mercancía que me robaste.

El rostro de Dante cambió inmediatamente.

Por primera vez desde que había entrado al patio, perdió la seguridad que intentaba mostrar.

Ahora entendía por qué tantos presos lo estaban observando.

—Yo no sabía que eras tú —respondió Dante.

Ramiro soltó una breve carcajada.

—Pero ahora ya lo sabes.

Dante recordó aquella noche.

Recordó el almacén.

La mercancía.

El dinero.

Y, sobre todo, recordó que nunca había visto el rostro del hombre al que estaba robando.

Había pensado que jamás tendría que conocerlo.

Se había equivocado.

Una bienvenida que Dante nunca olvidaría

Ramiro dio un paso hacia delante.

Dante retrocedió.

El ambiente cambió por completo.

Los presos que estaban alrededor comenzaron a apartarse, dejando espacio entre ambos.

Ramiro empujó a Dante.

Dante intentó mantenerse firme, pero la tensión terminó convirtiéndose en un breve enfrentamiento.

Dante trató de defenderse, pero Ramiro tenía más experiencia y consiguió derribarlo.

El patio quedó prácticamente en silencio.

Dante quedó en el suelo durante unos segundos.

Ramiro se acercó.

—Eso es para que aprendas…

Hizo una pausa.

—…que a mí nadie me roba.

Dante levantó la mirada.

En sus ojos ya no había confusión.

Había rabia.

Pero también había algo más.

Determinación.

“Esto no termina aquí”

Dante consiguió ponerse de pie.

Se limpió el uniforme y miró directamente a Ramiro.

—Esto no termina aquí.

Ramiro sonrió.

—Eso espero.

Los demás presos comenzaron a murmurar.

Pero Dante notó algo extraño.

Ramiro no parecía interesado simplemente en vengarse.

Parecía saber mucho más de lo que estaba diciendo.

Dante había entrado a prisión creyendo que su mayor problema sería sobrevivir entre los demás internos.

Ahora entendía que el verdadero peligro podía estar relacionado con aquella mercancía que había robado.

Porque si Ramiro estaba allí…

¿quién más sabía lo que Dante había hecho?

Y, sobre todo…

¿por qué Ramiro parecía haber estado esperando exactamente el día en que Dante llegara a esa prisión?

Dante volvió a mirar hacia las puertas del patio.

Un guardia observaba la escena desde lejos.

Pero junto a él había otro hombre que Dante no reconocía.

El desconocido miró a Ramiro.

Después miró a Dante.

Y se marchó sin decir una palabra.

Dante sintió un escalofrío.

Aquello apenas estaba comenzando.

CONTINUARÁ…