Herpes zóster: la enfermedad que puede reactivarse cuando el sistema inmunológico se debilita

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En redes sociales circulan con frecuencia imágenes de lesiones en la piel acompañadas de frases como: “Esta enfermedad silenciosa se activa cuando tus defensas bajan”. Aunque muchas publicaciones exageran o presentan información incompleta, existe una condición médica que sí puede aparecer cuando el sistema inmunológico se debilita: el herpes zóster, también conocido como “culebrilla”.

Esta enfermedad es causada por la reactivación del virus varicela-zóster, el mismo que provoca la varicela durante la infancia. Después de superar esa infección, el virus no desaparece del organismo, sino que permanece inactivo dentro de ciertos nervios durante años o incluso décadas. En determinadas circunstancias puede volver a activarse y provocar una erupción dolorosa.

Aunque el herpes zóster puede afectar a cualquier persona que haya tenido varicela, es mucho más frecuente en adultos mayores y en personas cuyo sistema inmunológico está debilitado.

¿Qué es el herpes zóster?

El herpes zóster es una infección viral que aparece cuando el virus varicela-zóster sale de su estado latente y vuelve a multiplicarse.

Generalmente afecta únicamente un lado del cuerpo y sigue el recorrido de un nervio, razón por la que las lesiones suelen aparecer formando una banda o franja.

Las ampollas contienen líquido y pueden resultar muy dolorosas.

¿Por qué vuelve a activarse el virus?

El virus puede permanecer dormido durante muchos años sin causar molestias.

Algunos factores aumentan el riesgo de reactivación:

  • Envejecimiento.
  • Estrés intenso.
  • Sistema inmunológico debilitado.
  • Tratamientos con quimioterapia.
  • Uso prolongado de medicamentos inmunosupresores.
  • Trasplantes.
  • Algunas enfermedades crónicas.

Sin embargo, también puede aparecer en personas jóvenes y previamente sanas.

Síntomas iniciales

Antes de que aparezcan las ampollas muchas personas presentan síntomas durante varios días.

  • Ardor.
  • Hormigueo.
  • Dolor localizado.
  • Sensibilidad en la piel.
  • Picazón.
  • Malestar general.

Posteriormente aparece la erupción característica.

¿Cómo son las lesiones?

Las lesiones comienzan como pequeñas manchas rojizas que rápidamente se transforman en grupos de ampollas llenas de líquido.

Con el paso de los días las ampollas se rompen, forman costras y finalmente cicatrizan.

Lo más habitual es que aparezcan en:

  • Tórax.
  • Espalda.
  • Abdomen.
  • Cara.
  • Cuello.
  • Cabeza.

Generalmente afectan solo un lado del cuerpo y rara vez cruzan la línea media.

¿Es contagioso?

El herpes zóster no se transmite como tal entre personas.

Sin embargo, alguien que nunca haya tenido varicela ni haya sido vacunado puede contagiarse del virus al entrar en contacto directo con el líquido de las ampollas y desarrollar varicela, no herpes zóster.

Por ello se recomienda mantener las lesiones cubiertas y evitar el contacto con recién nacidos, embarazadas sin inmunidad y personas inmunodeprimidas hasta que las ampollas formen costra.

Complicaciones

Aunque la mayoría de los pacientes se recupera completamente, algunas personas presentan complicaciones.

Neuralgia posherpética

Es la complicación más frecuente. Consiste en un dolor intenso que puede persistir durante meses o incluso años después de desaparecer las lesiones.

Compromiso ocular

Si el virus afecta el nervio que llega al ojo puede producir lesiones oculares capaces de comprometer la visión.

Infecciones bacterianas

Las ampollas pueden infectarse si se manipulan o se rascan constantemente.

¿Cómo se diagnostica?

En la mayoría de los casos el diagnóstico se realiza mediante la exploración física y el aspecto característico de las lesiones.

Solo en situaciones especiales pueden solicitarse pruebas de laboratorio para confirmar la infección.

Tratamiento

El tratamiento debe iniciarse lo antes posible, idealmente dentro de las primeras 72 horas desde el inicio de la erupción.

El médico puede indicar medicamentos antivirales como:

  • Aciclovir.
  • Valaciclovir.
  • Famciclovir.

También pueden recomendarse analgésicos u otros medicamentos para controlar el dolor según la intensidad de los síntomas.

No es recomendable automedicarse ni aplicar productos caseros sobre las ampollas sin indicación médica.

¿Existe una vacuna?

Sí.

Actualmente existen vacunas diseñadas para reducir significativamente el riesgo de desarrollar herpes zóster y disminuir la posibilidad de complicaciones como la neuralgia posherpética.

La indicación depende de la edad y de las condiciones de salud de cada persona, por lo que debe consultarse con un profesional.

¿Cómo reducir el riesgo?

  • Mantener hábitos saludables.
  • Dormir adecuadamente.
  • Controlar enfermedades crónicas.
  • Evitar el tabaquismo.
  • Seguir las indicaciones médicas si se utilizan medicamentos inmunosupresores.
  • Consultar sobre la vacunación cuando corresponda.

¿Cuándo acudir al médico?

Debe buscar atención médica si:

  • Las ampollas aparecen cerca de los ojos.
  • Existe fiebre alta.
  • El dolor es muy intenso.
  • Las lesiones se extienden rápidamente.
  • La persona tiene las defensas bajas.
  • El paciente es un adulto mayor.

Recibir tratamiento oportuno puede reducir la duración de la enfermedad y disminuir el riesgo de complicaciones.

Mitos frecuentes

Existen numerosos mitos que afirman que el herpes zóster aparece por un susto, por tocar ciertos animales o por causas sobrenaturales. La evidencia científica demuestra que la enfermedad es causada por la reactivación del virus varicela-zóster y que los principales factores de riesgo incluyen la edad y el debilitamiento del sistema inmunológico.

Conclusión

El herpes zóster es una enfermedad viral que puede aparecer años después de haber padecido varicela. Se caracteriza por una erupción dolorosa con ampollas que suele afectar un solo lado del cuerpo. Aunque muchas personas se recuperan sin complicaciones, el diagnóstico y tratamiento tempranos son fundamentales para disminuir el dolor y prevenir secuelas.

Si aparecen lesiones similares a las de la imagen acompañadas de dolor intenso o ardor, lo más recomendable es acudir a un profesional de la salud para recibir una valoración y el tratamiento adecuado.